Durante mucho tiempo se pensó que existía una única forma correcta de criar a los hijos: una familia compuesta por una madre y un padre, donde cada uno cumplía funciones claramente diferenciadas. Sin embargo, la realidad actual muestra algo muy distinto. Existen familias monoparentales, familias homoparentales, madres que crían solas, padres que asumen por completo la crianza, familias reconstituidas y muchas otras configuraciones que demuestran que el cuidado y el amor no dependen de una estructura específica.
Además, las condiciones de vida actuales presentan desafíos que complejizan aún más el ejercicio de la parentalidad. Los deportistas de alto rendimiento suelen pasar largos períodos lejos de sus hogares debido a entrenamientos y competencias, mientras que las familias con integrantes neurodivergentes deben adaptarse a necesidades particulares que muchas veces requieren modificar expectativas y formas tradicionales de crianza. Frente a esta diversidad, surge una pregunta importante: ¿Qué significa realmente paternar hoy?
La evidencia revisada sugiere que no existe una única manera correcta de hacerlo. Lo fundamental no es quién ocupa el rol de cuidador principal ni la composición familiar, sino la capacidad de ofrecer presencia, afecto, apoyo y disponibilidad emocional.
Diversos estudios han demostrado que la participación activa de las figuras parentales tiene efectos positivos en el desarrollo de niños, niñas y adolescentes. El estudio realizado por Aguayo, Kimelman y Correa (2012) señala que cuando los padres participan activamente en la crianza, los hijos tienden a presentar mejores indicadores de salud física y mental, mayor autoestima, mejor rendimiento académico y menos problemas conductuales. Asimismo, la participación de los cuidadores reduce la sobrecarga de quien asume mayor responsabilidad en el hogar y favorece relaciones familiares más equilibradas.
Sin embargo, hablar de participación no significa únicamente estar físicamente presente. Implica involucrarse en la vida cotidiana, escuchar, acompañar, contener emocionalmente y demostrar interés genuino por las necesidades de los hijos. La calidad de la relación suele ser más importante que la cantidad de tiempo compartido. Esta idea resulta especialmente relevante cuando se analizan familias que enfrentan circunstancias particulares, como ocurre con los deportistas profesionales.
Paternar desde lejos
La vida de los deportistas de élite suele estar marcada por extensas jornadas de entrenamiento, viajes frecuentes y largas ausencias del hogar. Según Infante, Irizo y Bellido, las exigencias deportivas obligan muchas veces a los atletas a alejarse durante largos períodos de sus familias, dificultando la conciliación entre la vida profesional y la vida personal. Además, desde edades tempranas deben compatibilizar estudios, deporte y relaciones familiares, generando importantes niveles de estrés y presión.
Estas condiciones pueden generar la percepción de que es imposible ejercer una parentalidad cercana. Sin embargo, las investigaciones sobre apoyo parental en el deporte muestran que el acompañamiento emocional sigue siendo un factor fundamental para el bienestar y desarrollo de los hijos. Silva y colaboradores (2022) destacan que el apoyo parental influye positivamente en el desarrollo físico, emocional y motivacional de los jóvenes deportistas, favoreciendo su continuidad y bienestar dentro de la actividad deportiva.
<Por lo tanto, la distancia física no necesariamente implica ausencia afectiva. Actualmente existen múltiples formas de mantener vínculos significativos mediante la comunicación constante, la participación en decisiones importantes y las demostraciones de interés y cariño. Lo que fortalece el vínculo no es únicamente compartir un espacio físico, sino hacer sentir al hijo o hija que cuenta con una figura disponible y comprometida.
Paternidad neurodivergente
Otro escenario que desafía las ideas tradicionales sobre la crianza aparece cuando un hijo o hija es neurodivergente. La neurodiversidad propone comprender que las personas procesan el mundo de maneras diferentes y que estas diferencias no deben ser entendidas como defectos, sino como expresiones legítimas de la diversidad humana.
Cuando una familia recibe un diagnóstico como autismo o TDAH, muchas veces debe replantear expectativas previas sobre cómo sería la crianza. Villar (2022) plantea que este proceso implica abandonar imágenes idealizadas sobre los hijos y sobre el propio rol parental, ya que cada niño requiere formas particulares de acompañamiento y cuidado.
En este contexto, paternar significa desarrollar flexibilidad, aprender constantemente y adaptar las estrategias de crianza a las necesidades reales del niño o niña. No se trata de forzar a la persona a encajar en un modelo considerado "normal", sino de reconocer y valorar sus características particulares.
De esta manera, la parentalidad neuroafirmativa pone el foco en la aceptación, la comprensión y el acompañamiento respetuoso, elementos que pueden ser ejercidos por madres, padres o cualquier otra figura significativa de cuidado.
Paternidad más allá del género
Las transformaciones sociales de las últimas décadas han ampliado las formas en que las familias se organizan. Cada vez es más frecuente encontrar madres que asumen solas la crianza, padres que cumplen simultáneamente funciones tradicionalmente asociadas a la maternidad, parejas del mismo sexo que ejercen la parentalidad y redes familiares donde abuelos, tíos u otros cuidadores participan activamente.
El estudio sobre participación paterna en Chile señala que las familias actuales presentan una gran diversidad de configuraciones y que los cambios sociales han modificado las formas tradicionales de ejercer la crianza. Asimismo, las investigaciones muestran que las tareas de cuidado no dependen naturalmente de un género específico, sino que pueden ser aprendidas y compartidas entre distintos integrantes de la familia.
Por esta razón, resulta cada vez más necesario abandonar la idea de que existe una figura indispensable asociada exclusivamente a la maternidad o a la paternidad. Lo que realmente influye en el desarrollo infantil es la existencia de adultos comprometidos que proporcionen seguridad emocional, apoyo, límites adecuados y afecto constante.
Propuesta de conclusión
Las distintas realidades familiares actuales muestran que no existe una única manera correcta de paternar. Los desafíos asociados a los viajes constantes de los deportistas, la crianza de hijos neurodivergentes, las familias monoparentales o las familias homoparentales evidencian que la parentalidad debe entenderse desde una perspectiva amplia y flexible.
Más que la estructura familiar, lo que parece marcar la diferencia es la calidad del vínculo construido. La presencia emocional, el interés genuino, la atención a las necesidades de los hijos y las demostraciones cotidianas de cariño constituyen los pilares fundamentales de una crianza saludable.
En definitiva, existen muchas formas de paternar y ninguna es superior a otra. Lo verdaderamente importante es que niños, niñas y adolescentes crezcan sintiéndose vistos, escuchados, acompañados y amados mediante acciones concretas y palabras que les permitan desarrollar confianza, seguridad y bienestar.
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Referencias
Aguayo, F., Kimelman, E. y Correa, P. (2012). Estudio sobre la participación de los padres en el sistema público de salud de Chile. CulturaSalud-MINSAL.
Infante Rejano, E., Irizo García, I. y Bellido Zanin, G. (2012). Un abordaje cualitativo al estudio del género y la conciliación en deportistas profesionales.
Silva, F. S. C., Moraes, M. G., Pestana, D., Hirota, V. B. y Verardi, C. E. L. (2022). Motivación y percepción del apoyo parental: un estudio con jóvenes atletas de deportes individuales y de equipo. Retos, 45, 671-678.
Villar, F. C. C. E. (2022). Hermes in the fields of Apollo: Deidealization and eccentricity in neurodivergent pattern. Junguiana, 40(3), 133-146.



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