jueves, 13 de agosto de 2026

Burnout, cuando las baterías se agotan

 

Cuando estar con otros también consume energía

En redes sociales se ha vuelto común hablar de “batería social” para explicar esa sensación de quedar sin energía después de conversar, asistir a clases, trabajar, estar en lugares concurridos o mantener muchas interacciones. La metáfora es útil, pero en personas neurodivergentes puede quedarse corta: no siempre se agota solamente la energía social, también puede agotarse la capacidad de procesar estímulos, regular emociones, cambiar de una actividad a otra y responder a las demandas del entorno.

Una persona puede imaginar su sistema nervioso como un teléfono que recibe muchas aplicaciones al mismo tiempo. Una conversación, las luces, los sonidos, una textura incómoda, tener que interpretar gestos, anticipar lo que otros esperan y modificar la propia conducta pueden funcionar como procesos abiertos en segundo plano. Cuando son demasiados, la batería baja más rápido.

¿Qué es el burnout autista?

El burnout autista se ha descrito como un estado de agotamiento intenso y prolongado asociado al estrés crónico y a un desajuste entre las demandas del entorno y los recursos o habilidades disponibles, especialmente cuando no existen apoyos adecuados. Raymaker et al (2020) lo describieron como una pérdida de funcionamiento y una menor tolerancia a los estímulos. Estudios posteriores, como el de Higgins et al (2021), han sumado además, agotamiento, retraimiento, dificultades de funciones ejecutivas y un aumento de las manifestaciones conductuales que se suelen ver en personas autistas.

El artículo de Víctor Ruggieri (2025), que sirve de base para este texto, destaca que la presión social, las exigencias escolares o laborales, los cambios inesperados, el exceso de estímulos sensoriales, el hostigamiento y la falta de apoyos pueden acumularse hasta superar la capacidad de respuesta de la persona. A esto se suma el enmascaramiento, el camuflaje como respuesta a las demandas sociales por "parecer normal". Entre las manifestaciones descritas aparecen fatiga extrema, aumento de la sensibilidad sensorial, mayor aislamiento, dificultades de concentración y crisis emocionales.

No es simplemente “estar cansado”

Aquí aparece una diferencia importante. El burnout laboral clásico se relaciona principalmente con una exposición sostenida a demandas del trabajo y se estudió originalmente en contextos laborales. Puede presentarse en personas neurotípicas y neurodivergentes. El burnout académico puede seguir una lógica semejante: demasiadas exigencias, presión por el rendimiento, falta de descanso y escaso control sobre las demandas.

El burnout autista puede aparecer dentro de esos mismos contextos, pero no depende exclusivamente de trabajar o estudiar demasiado. Una persona puede llegar al límite después de sostener durante mucho tiempo demandas sociales, sensoriales y de adaptación que para otras personas pasan inadvertidas. Por eso, una jornada que desde fuera parece “normal” puede haber requerido un esfuerzo interno extraordinario.

Además, ambos tipos de burnout pueden coexistir. Un entorno laboral o académico excesivamente demandante puede ser precisamente el factor que acelere un burnout autista cuando se suma a sobrecarga sensorial, camuflaje, dificultades de comunicación o falta de ajustes.

¿Entonces la “batería social” es realmente una batería sensorial?

La expresión “batería social” funciona como una buena puerta de entrada, pero conviene ampliarla. Para algunas personas neurodivergentes y también para personas consideradas neurotípicas una interacción social no implica solamente un intercambio de ideas o de planteamientos: significa procesar simultáneamente lenguaje, tono de voz, expresiones, reglas sociales, ruido ambiental, proximidad física y expectativas implícitas. Si además existe camuflaje —por ejemplo, intentar ocultar respuestas naturales para parecer más acorde con las expectativas del entorno— el costo puede aumentar significativamente. Es decir, las demandas sociales, también son demandas sensoriales ya que requieren que utilicemos todos nuestros órganos sensoriales coordinadamente para emitir una respuesta acorde a la situación social.

Por eso quizá sea más preciso hablar de una “batería sensorial y regulatoria”. 

Por otra parte, como no es una batería física, no podemos medir con un porcentaje, ni podemos ver el nivel en el que se está para ponerla a cargar, pero a modo de metáfora nos permite comprender que la capacidad disponible para procesar y responder a las demandas puede disminuir en la medida que las demandas sean mayores que los recursos con los que contamos y tengamos que hacer un esfuerzo sostenido para mantener la cotidianeidad.

¿Qué ocurre cuando la batería llega a cero?

En una persona neurotípica, el agotamiento puede expresarse como irritabilidad, cansancio, problemas de concentración, desmotivación, dificultades para dormir o necesidad de desconectarse. En una persona neurodivergente, pueden aparecer además cambios más marcados respecto de su funcionamiento habitual: mayor sensibilidad a sonidos, luces o contacto; necesidad y acción intensa de retirarse; dificultades ejecutivas; menor capacidad para comunicarse o realizar actividades cotidianas; y aumento de conductas desreguladas, incluso coocurrencias como la depresión, la ansiedad y las autolesiones.

Una analogía sencilla sería pensar en una computadora que, al quedarse sin recursos, empieza a funcionar lentamente y deja de responder a algunas órdenes. No significa que haya perdido para siempre sus programas. Significa que, en ese momento, necesita disminuir la carga y recuperar recursos. En el burnout autista puede ocurrir algo parecido: habilidades que habitualmente están disponibles pueden volverse temporalmente mucho más difíciles de utilizar.

Perspectiva de género: cuando “funcionar bien” también tiene un costo

El burnout no ocurre en un vacío social. Las expectativas sobre cómo debemos comportarnos según nuestro género también pueden aumentar el esfuerzo que una persona necesita realizar para desenvolverse cotidianamente.

El el género femenino, se ha descrito una mayor tendencia al camuflaje social, es decir, aprender conscientemente a observar, imitar o compensar comportamientos sociales para intentar encajar. Estudios recientes continúan encontrando mayores niveles de camuflaje en mujeres autistas, especialmente en las dimensiones relacionadas con compensar y ocultar características propias de su condición. 

Esto puede entenderse como llevar una “mochila invisible”. Desde fuera, la persona puede parecer que está funcionando perfectamente: conversa, trabaja, estudia, cuida a otras personas y participa socialmente. Sin embargo, mantener ese funcionamiento puede requerir una cantidad considerable de energía cognitiva y emocional.

El problema aparece cuando la persona lleva años utilizando esa estrategia sin disponer de suficiente tiempo para recuperarse. La batería no solamente se descarga por estar con otras personas; también se descarga por tener que estar permanentemente pendiente de cómo comportarse frente a ellas.

El artículo de Ruggieri (2025) también señala factores que pueden incrementar el riesgo de agotamiento en mujeres autistas: diagnóstico tardío, falta de apoyos durante la infancia, expectativas de género, mayores exigencias relacionadas con la interacción social y una mayor tendencia al camuflaje. Además, plantea que la combinación de estos factores con múltiples roles —por ejemplo, trabajo y maternidad— puede aumentar la sobrecarga acumulada.

Se ha estudiado recientemente la maternidad en personas neurodivergentes debido a las demandas sensoriales que este proceso implica desde el momento mismo del embarazo. Esta etapa suele ser de un alto impacto para los órganos sensoriales: a nivel vestibular, la demanda por mantener el equilibrio en un cuerpo que está cambiando su forma, a nivel visual, auditivo, olfativo con los espacios clínicos que suelen ser poco amigables, la falta de horas de sueño o el sueño interrumpido por las demandas de la lactancia y muchas otras, que mencionaremos en otro post.

¿Y qué ocurre con las personas autistas de género diverso?

Aquí debemos ser cuidadosos: la evidencia científica todavía es mucho menor que la disponible sobre mujeres autistas. Por eso no sería adecuado afirmar que todas las personas trans, no binarias o de género diverso tienen mayor riesgo de burnout autista.

Lo que sí podemos señalar es que las experiencias de camuflaje y las presiones sociales pueden estar atravesadas simultáneamente por el género, la neurodivergencia y el contexto cultural. Investigaciones recientes están comenzando a estudiar estas intersecciones. Por ejemplo, estudios recientes sobre jóvenes adultos autistas latinos encontró niveles moderados a altos de burnout y plantea que valores culturales, roles tradicionales de género y expectativas sociales pueden influir en las experiencias de camuflaje y agotamiento.

Por eso, desde una perspectiva biopsicosocial y de género, quizás sea más útil dejar de preguntarnos “¿por qué esta persona no puede adaptarse?” y comenzar a preguntar “¿cuántos recursos necesita gastar para poder adaptarse y qué parte de esa adaptación estamos dando por sentada?”

Esto cambia también la manera de comprender la “batería social”. Para algunas personas, la batería puede agotarse no solo por conversar o permanecer en ambientes estimulantes, sino por sostener durante horas una versión social de sí mismas que requiere vigilancia constante.

Y cuando esa batería llega al límite, pedir simplemente “un poco más de esfuerzo” puede ser equivalente a intentar encender un teléfono que ya no tiene carga.

La consecuencia más importante de una batería agotada

Uno de los errores más frecuentes es interpretar el retraimiento, la dificultad para hablar, la menor productividad o la necesidad de estar solo como falta de voluntad. Desde una mirada neuroafirmativa, conviene preguntarse qué demandas están consumiendo los recursos de la persona y qué apoyos pueden reducirlas.

Ruggieri (2025) plantea la importancia de reconocer tempranamente las señales de agotamiento y favorecer apoyos, descanso y reducción de sobrecargas. En niños y adolescentes, esto implica prestar especial atención a la sobrecarga sensorial, las exigencias académicas, los cambios de rutina, el hostigamiento y la necesidad de camuflarse.

Una idea para llevarse

No toda persona cansada está en burnout y no todo cansancio después de socializar significa burnout autista. La “batería social” es una metáfora cotidiana; el burnout autista es un fenómeno más amplio y complejo, que requiere considerar la interacción entre demandas sociales, sensoriales, emocionales, ejecutivas y ambientales.

La pregunta no debería ser solamente “¿cuánto puede aguantar esta persona?”, sino también “¿qué estamos haciendo para que no tenga que gastar toda su batería para poder participar?”. A veces, el apoyo más eficaz no consiste en enseñar a la persona a soportar más, sino en transformar el entorno para que necesite gastar menos.

Bibliografía sugerida

  • Higgins, J. M., Arnold, S. R. C., Weise, J., Pellicano, E., & Trollor, J. N. (2021). Defining autistic burnout through experts by lived experience: Grounded Delphi method investigating #AutisticBurnout. Autism, 25(8), 2356–2369. https://doi.org/10.1177/13623613211019858
  • Ben-Sasson, A., Hen, L., Fluss, R., Cermak, S. A., Engel-Yeger, B., & Gal, E. (2009). A meta-analysis of sensory modulation symptoms in individuals with autism spectrum disorders. Journal of Autism and Developmental Disorders, 39, 1–11.
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  • Raymaker, D. M., Teo, A. R., Steckler, N. A., Lentz, B., Scharer, M., Delos Santos, A., Kapp, S. K., Hunter, M., Joyce, A., & Nicolaidis, C. (2020). “Having All of Your Internal Resources Exhausted Beyond Measure and Being Left with No Clean-Up Crew”: Defining Autistic Burnout. Autism in Adulthood, 2(2), 132–143. https://doi.org/10.1089/aut.2019.00
  • Hull, L., Petrides, K. V., Allison, C., Smith, P., Baron-Cohen, S., Lai, M.-C., & Mandy, W. (2017). “Putting on my best normal”: Social camouflaging in adults with autism spectrum conditions. Journal of Autism and Developmental Disorders, 47, 2519–2534. https://doi.org/10.1007/s10803-017-3166-5
  •  Ruggieri, V. (2025). Autismo y burnout: El agotamiento en las personas autistas, sus familias, docentes y terapeutas. Medicina (Buenos Aires), 85(Supl. I), 63–68.
  • Gore, K., Hayward, S. M., Flower, R. L., Gilbert, M., & Barbaro, J. (2024). “Maybe No One Knows We Need Help”: Understanding the Experiences of Autistic Working Mothers in Australia. Autism in Adulthood, 6, 47–59.
  • Ben-Sasson, A., Hen, L., Fluss, R., Cermak, S. A., Engel-Yeger, B., & Gal, E. (2009). A meta-analysis of sensory modulation symptoms in individuals with autism spectrum disorders. Journal of Autism and Developmental Disorders, 39, 1–11.


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