jueves, 13 de agosto de 2026

Burnout, cuando las baterías se agotan

 

Cuando estar con otros también consume energía

En redes sociales se ha vuelto común hablar de “batería social” para explicar esa sensación de quedar sin energía después de conversar, asistir a clases, trabajar, estar en lugares concurridos o mantener muchas interacciones. La metáfora es útil, pero en personas neurodivergentes puede quedarse corta: no siempre se agota solamente la energía social, también puede agotarse la capacidad de procesar estímulos, regular emociones, cambiar de una actividad a otra y responder a las demandas del entorno.

Una persona puede imaginar su sistema nervioso como un teléfono que recibe muchas aplicaciones al mismo tiempo. Una conversación, las luces, los sonidos, una textura incómoda, tener que interpretar gestos, anticipar lo que otros esperan y modificar la propia conducta pueden funcionar como procesos abiertos en segundo plano. Cuando son demasiados, la batería baja más rápido.

¿Qué es el burnout autista?

El burnout autista se ha descrito como un estado de agotamiento intenso y prolongado asociado al estrés crónico y a un desajuste entre las demandas del entorno y los recursos o habilidades disponibles, especialmente cuando no existen apoyos adecuados. Raymaker et al (2020) lo describieron como una pérdida de funcionamiento y una menor tolerancia a los estímulos. Estudios posteriores, como el de Higgins et al (2021), han sumado además, agotamiento, retraimiento, dificultades de funciones ejecutivas y un aumento de las manifestaciones conductuales que se suelen ver en personas autistas.

El artículo de Víctor Ruggieri (2025), que sirve de base para este texto, destaca que la presión social, las exigencias escolares o laborales, los cambios inesperados, el exceso de estímulos sensoriales, el hostigamiento y la falta de apoyos pueden acumularse hasta superar la capacidad de respuesta de la persona. A esto se suma el enmascaramiento, el camuflaje como respuesta a las demandas sociales por "parecer normal". Entre las manifestaciones descritas aparecen fatiga extrema, aumento de la sensibilidad sensorial, mayor aislamiento, dificultades de concentración y crisis emocionales.

No es simplemente “estar cansado”

Aquí aparece una diferencia importante. El burnout laboral clásico se relaciona principalmente con una exposición sostenida a demandas del trabajo y se estudió originalmente en contextos laborales. Puede presentarse en personas neurotípicas y neurodivergentes. El burnout académico puede seguir una lógica semejante: demasiadas exigencias, presión por el rendimiento, falta de descanso y escaso control sobre las demandas.

El burnout autista puede aparecer dentro de esos mismos contextos, pero no depende exclusivamente de trabajar o estudiar demasiado. Una persona puede llegar al límite después de sostener durante mucho tiempo demandas sociales, sensoriales y de adaptación que para otras personas pasan inadvertidas. Por eso, una jornada que desde fuera parece “normal” puede haber requerido un esfuerzo interno extraordinario.

Además, ambos tipos de burnout pueden coexistir. Un entorno laboral o académico excesivamente demandante puede ser precisamente el factor que acelere un burnout autista cuando se suma a sobrecarga sensorial, camuflaje, dificultades de comunicación o falta de ajustes.

¿Entonces la “batería social” es realmente una batería sensorial?

La expresión “batería social” funciona como una buena puerta de entrada, pero conviene ampliarla. Para algunas personas neurodivergentes y también para personas consideradas neurotípicas una interacción social no implica solamente un intercambio de ideas o de planteamientos: significa procesar simultáneamente lenguaje, tono de voz, expresiones, reglas sociales, ruido ambiental, proximidad física y expectativas implícitas. Si además existe camuflaje —por ejemplo, intentar ocultar respuestas naturales para parecer más acorde con las expectativas del entorno— el costo puede aumentar significativamente. Es decir, las demandas sociales, también son demandas sensoriales ya que requieren que utilicemos todos nuestros órganos sensoriales coordinadamente para emitir una respuesta acorde a la situación social.

Por eso quizá sea más preciso hablar de una “batería sensorial y regulatoria”. 

Por otra parte, como no es una batería física, no podemos medir con un porcentaje, ni podemos ver el nivel en el que se está para ponerla a cargar, pero a modo de metáfora nos permite comprender que la capacidad disponible para procesar y responder a las demandas puede disminuir en la medida que las demandas sean mayores que los recursos con los que contamos y tengamos que hacer un esfuerzo sostenido para mantener la cotidianeidad.

¿Qué ocurre cuando la batería llega a cero?

En una persona neurotípica, el agotamiento puede expresarse como irritabilidad, cansancio, problemas de concentración, desmotivación, dificultades para dormir o necesidad de desconectarse. En una persona neurodivergente, pueden aparecer además cambios más marcados respecto de su funcionamiento habitual: mayor sensibilidad a sonidos, luces o contacto; necesidad y acción intensa de retirarse; dificultades ejecutivas; menor capacidad para comunicarse o realizar actividades cotidianas; y aumento de conductas desreguladas, incluso coocurrencias como la depresión, la ansiedad y las autolesiones.

Una analogía sencilla sería pensar en una computadora que, al quedarse sin recursos, empieza a funcionar lentamente y deja de responder a algunas órdenes. No significa que haya perdido para siempre sus programas. Significa que, en ese momento, necesita disminuir la carga y recuperar recursos. En el burnout autista puede ocurrir algo parecido: habilidades que habitualmente están disponibles pueden volverse temporalmente mucho más difíciles de utilizar.

Perspectiva de género: cuando “funcionar bien” también tiene un costo

El burnout no ocurre en un vacío social. Las expectativas sobre cómo debemos comportarnos según nuestro género también pueden aumentar el esfuerzo que una persona necesita realizar para desenvolverse cotidianamente.

El el género femenino, se ha descrito una mayor tendencia al camuflaje social, es decir, aprender conscientemente a observar, imitar o compensar comportamientos sociales para intentar encajar. Estudios recientes continúan encontrando mayores niveles de camuflaje en mujeres autistas, especialmente en las dimensiones relacionadas con compensar y ocultar características propias de su condición. 

Esto puede entenderse como llevar una “mochila invisible”. Desde fuera, la persona puede parecer que está funcionando perfectamente: conversa, trabaja, estudia, cuida a otras personas y participa socialmente. Sin embargo, mantener ese funcionamiento puede requerir una cantidad considerable de energía cognitiva y emocional.

El problema aparece cuando la persona lleva años utilizando esa estrategia sin disponer de suficiente tiempo para recuperarse. La batería no solamente se descarga por estar con otras personas; también se descarga por tener que estar permanentemente pendiente de cómo comportarse frente a ellas.

El artículo de Ruggieri (2025) también señala factores que pueden incrementar el riesgo de agotamiento en mujeres autistas: diagnóstico tardío, falta de apoyos durante la infancia, expectativas de género, mayores exigencias relacionadas con la interacción social y una mayor tendencia al camuflaje. Además, plantea que la combinación de estos factores con múltiples roles —por ejemplo, trabajo y maternidad— puede aumentar la sobrecarga acumulada.

Se ha estudiado recientemente la maternidad en personas neurodivergentes debido a las demandas sensoriales que este proceso implica desde el momento mismo del embarazo. Esta etapa suele ser de un alto impacto para los órganos sensoriales: a nivel vestibular, la demanda por mantener el equilibrio en un cuerpo que está cambiando su forma, a nivel visual, auditivo, olfativo con los espacios clínicos que suelen ser poco amigables, la falta de horas de sueño o el sueño interrumpido por las demandas de la lactancia y muchas otras, que mencionaremos en otro post.

¿Y qué ocurre con las personas autistas de género diverso?

Aquí debemos ser cuidadosos: la evidencia científica todavía es mucho menor que la disponible sobre mujeres autistas. Por eso no sería adecuado afirmar que todas las personas trans, no binarias o de género diverso tienen mayor riesgo de burnout autista.

Lo que sí podemos señalar es que las experiencias de camuflaje y las presiones sociales pueden estar atravesadas simultáneamente por el género, la neurodivergencia y el contexto cultural. Investigaciones recientes están comenzando a estudiar estas intersecciones. Por ejemplo, estudios recientes sobre jóvenes adultos autistas latinos encontró niveles moderados a altos de burnout y plantea que valores culturales, roles tradicionales de género y expectativas sociales pueden influir en las experiencias de camuflaje y agotamiento.

Por eso, desde una perspectiva biopsicosocial y de género, quizás sea más útil dejar de preguntarnos “¿por qué esta persona no puede adaptarse?” y comenzar a preguntar “¿cuántos recursos necesita gastar para poder adaptarse y qué parte de esa adaptación estamos dando por sentada?”

Esto cambia también la manera de comprender la “batería social”. Para algunas personas, la batería puede agotarse no solo por conversar o permanecer en ambientes estimulantes, sino por sostener durante horas una versión social de sí mismas que requiere vigilancia constante.

Y cuando esa batería llega al límite, pedir simplemente “un poco más de esfuerzo” puede ser equivalente a intentar encender un teléfono que ya no tiene carga.

La consecuencia más importante de una batería agotada

Uno de los errores más frecuentes es interpretar el retraimiento, la dificultad para hablar, la menor productividad o la necesidad de estar solo como falta de voluntad. Desde una mirada neuroafirmativa, conviene preguntarse qué demandas están consumiendo los recursos de la persona y qué apoyos pueden reducirlas.

Ruggieri (2025) plantea la importancia de reconocer tempranamente las señales de agotamiento y favorecer apoyos, descanso y reducción de sobrecargas. En niños y adolescentes, esto implica prestar especial atención a la sobrecarga sensorial, las exigencias académicas, los cambios de rutina, el hostigamiento y la necesidad de camuflarse.

Una idea para llevarse

No toda persona cansada está en burnout y no todo cansancio después de socializar significa burnout autista. La “batería social” es una metáfora cotidiana; el burnout autista es un fenómeno más amplio y complejo, que requiere considerar la interacción entre demandas sociales, sensoriales, emocionales, ejecutivas y ambientales.

La pregunta no debería ser solamente “¿cuánto puede aguantar esta persona?”, sino también “¿qué estamos haciendo para que no tenga que gastar toda su batería para poder participar?”. A veces, el apoyo más eficaz no consiste en enseñar a la persona a soportar más, sino en transformar el entorno para que necesite gastar menos.

Bibliografía sugerida

  • Higgins, J. M., Arnold, S. R. C., Weise, J., Pellicano, E., & Trollor, J. N. (2021). Defining autistic burnout through experts by lived experience: Grounded Delphi method investigating #AutisticBurnout. Autism, 25(8), 2356–2369. https://doi.org/10.1177/13623613211019858
  • Ben-Sasson, A., Hen, L., Fluss, R., Cermak, S. A., Engel-Yeger, B., & Gal, E. (2009). A meta-analysis of sensory modulation symptoms in individuals with autism spectrum disorders. Journal of Autism and Developmental Disorders, 39, 1–11.
  • Jones, S., Sharpe, B. T., King, R., Waldeck, D., & Tyndall, I. (2025). Putting on a disguise to fit in: A mixed methods study of experiences in autistic camouflaging. Research in Neurodiversity, 1, 100004. https://doi.org/10.1016/j.rin.2025.100004
  • Raymaker, D. M., Teo, A. R., Steckler, N. A., Lentz, B., Scharer, M., Delos Santos, A., Kapp, S. K., Hunter, M., Joyce, A., & Nicolaidis, C. (2020). “Having All of Your Internal Resources Exhausted Beyond Measure and Being Left with No Clean-Up Crew”: Defining Autistic Burnout. Autism in Adulthood, 2(2), 132–143. https://doi.org/10.1089/aut.2019.00
  • Hull, L., Petrides, K. V., Allison, C., Smith, P., Baron-Cohen, S., Lai, M.-C., & Mandy, W. (2017). “Putting on my best normal”: Social camouflaging in adults with autism spectrum conditions. Journal of Autism and Developmental Disorders, 47, 2519–2534. https://doi.org/10.1007/s10803-017-3166-5
  •  Ruggieri, V. (2025). Autismo y burnout: El agotamiento en las personas autistas, sus familias, docentes y terapeutas. Medicina (Buenos Aires), 85(Supl. I), 63–68.
  • Gore, K., Hayward, S. M., Flower, R. L., Gilbert, M., & Barbaro, J. (2024). “Maybe No One Knows We Need Help”: Understanding the Experiences of Autistic Working Mothers in Australia. Autism in Adulthood, 6, 47–59.
  • Ben-Sasson, A., Hen, L., Fluss, R., Cermak, S. A., Engel-Yeger, B., & Gal, E. (2009). A meta-analysis of sensory modulation symptoms in individuals with autism spectrum disorders. Journal of Autism and Developmental Disorders, 39, 1–11.


sábado, 8 de agosto de 2026

Cuando jugar también es parte de la terapia: el poder del juego en personas neurodivergentes


 ¿Puede una construcción con bloques ayudar a desarrollar habilidades sociales?

¿Un videojuego puede utilizarse como herramienta terapéutica?

¿Y qué ocurre cuando llevamos el juego a la realidad virtual?

La respuesta corta es: sí, el juego puede convertirse en una herramienta terapéutica, siempre que tenga un propósito, esté adaptado a la persona y sea utilizado dentro de un proceso de intervención profesional.

Para una persona neurodivergente, jugar no necesariamente significa “dejar de trabajar”. Muchas veces significa encontrar otra puerta de entrada al aprendizaje.

Porque no todos los cerebros aprenden de la misma manera.


🧠 ¿Qué entendemos por neurodivergencia?

El concepto de neurodivergencia hace referencia a formas de funcionamiento neurológico que se alejan de lo considerado estadísticamente típico. Dentro de este amplio concepto encontramos, entre otras condiciones del neurodesarrollo, el autismo y el TDAH.

Desde una perspectiva neuroafirmativa, la pregunta no es solamente:

“¿Qué dificultad debemos corregir?”

También podemos preguntarnos:

“¿Qué condiciones favorecen que esta persona pueda aprender, comunicarse, participar y sentirse segura?”

Y aquí aparece el juego.

El juego puede funcionar como un puente entre la experiencia interna de una persona y el mundo que la rodea.


🧩 El juego como puente terapéutico

Imaginemos que queremos enseñar a un niño a esperar su turno.

Podríamos explicarle verbalmente:

“Debes esperar mientras otra persona realiza su actividad”.

Pero también podemos sentarnos frente a una mesa y construir juntos una ciudad con bloques.

Una persona coloca las piezas azules.
Otra construye los edificios.
Otra decide dónde irá la carretera.

Ahora esperar, pedir, negociar, compartir y tolerar pequeños cambios forman parte de una actividad que tiene sentido para quien participa.

Eso cambia completamente la experiencia.

El aprendizaje deja de ser únicamente una instrucción y se transforma en una experiencia.


🧱 LEGO®: construir para aprender a relacionarnos

Uno de los ejemplos más conocidos es el uso terapéutico de LEGO®.

La llamada LEGO®-based therapy nació utilizando el interés por la construcción como una oportunidad para trabajar habilidades sociales, comunicación y colaboración.

Las revisiones de la literatura han encontrado resultados prometedores en niños y adolescentes autistas, aunque también señalan que todavía se necesitan estudios más rigurosos para establecer con mayor precisión qué personas se benefician, en qué condiciones y durante cuánto tiempo.

¿Cómo funciona?

Podemos imaginar una pequeña construcción grupal:

👤 Constructor/a: arma las piezas.
👤 Ingeniero/a: revisa las instrucciones.
👤 Encargado/a de materiales: busca las piezas necesarias.

Para conseguir el objetivo, las personas necesitan comunicarse.

“¿Me puedes pasar la pieza roja?”

“Espera, todavía la estoy usando”.

“Podemos hacer esta parte juntos”.

Sin darse cuenta, el juego puede crear oportunidades para practicar:

  • comunicación;
  • atención conjunta;
  • toma de turnos;
  • cooperación;
  • resolución de problemas;
  • negociación;
  • flexibilidad;
  • tolerancia a pequeños errores;
  • iniciativa social.

El objetivo no es que la persona “juegue correctamente”.

El objetivo terapéutico está detrás del juego.


🌿 ¿Y qué tiene que ver LEGO® con la regulación emocional?

Aquí encontramos una de las partes más interesantes.

Construir implica manipular objetos, observar resultados, anticipar pasos y resolver pequeños problemas.

Para algunas personas, esa combinación de estructura + actividad manual + previsibilidad puede favorecer un estado de mayor organización y participación.

Pensemos en alguien que llega a terapia muy inquieto.

En lugar de comenzar inmediatamente preguntando:

“¿Qué te pasa?”

podemos comenzar construyendo.

Primero una pieza.

Después otra.

Luego una pequeña estructura.

Y mientras las manos están ocupadas, el sistema puede encontrar un ritmo que facilite posteriormente conversar sobre lo ocurrido.

No significa que LEGO® “calme el cerebro” automáticamente ni que funcione de la misma manera para todas las personas.

Significa que una actividad estructurada y significativa puede convertirse en una vía de acceso a la regulación y a la comunicación.

Para algunas personas, el movimiento de las manos ayuda a organizar la atención. Para otras, puede resultar incómodo o sobrecargante.

Por eso, la intervención debe ser individualizada.


🎮 Cuando el videojuego entra a la consulta: los Serious Games

Ahora demos un salto desde la mesa de construcción hasta una pantalla.

Los llamados Serious Games son juegos diseñados incorporando objetivos que van más allá del entretenimiento.

En salud y educación pueden utilizar mecánicas de juego para entrenar determinadas habilidades, favorecer la participación o facilitar la práctica repetida.

En TDAH se han desarrollado herramientas destinadas, por ejemplo, a trabajar aspectos relacionados con atención y funciones ejecutivas.

La investigación reciente muestra resultados prometedores, pero también una importante advertencia: no todos los videojuegos terapéuticos producen los mismos resultados y la transferencia de lo aprendido en el juego hacia la vida cotidiana todavía requiere mayor investigación.

Esto es importante.

Porque entrenar una habilidad dentro de una pantalla no significa automáticamente que esa habilidad aparecerá de la misma manera en el colegio, la universidad, el trabajo o la vida familiar.

El verdadero desafío terapéutico es lograr la generalización.


🎯 Un ejemplo: aprender a frenar antes de actuar

Imaginemos un juego en el que aparecen diferentes estímulos.

Cuando aparece uno determinado hay que responder.

Cuando aparece otro, hay que detenerse.

Parece sencillo.

Pero detrás de esa mecánica pueden existir procesos relacionados con:

percibir → mantener la atención → decidir → inhibir → responder.

La ventaja del formato lúdico es que puede permitir repetir la experiencia muchas veces sin que cada ensayo se sienta como una ficha de trabajo.

Sin embargo, el videojuego no reemplaza automáticamente una intervención psicológica.

Puede ser una herramienta dentro de ella.


🥽 Realidad virtual: cuando la terapia se convierte en una experiencia inmersiva

La realidad virtual agrega otra posibilidad: crear ambientes controlados en los que una persona pueda practicar determinadas habilidades.

En lugar de simplemente imaginar una situación, la persona puede experimentar un escenario virtual.

Por ejemplo:

🎧 sonidos ambientales
👥 presencia de otras personas virtuales
🏫 un espacio parecido a una sala de clases
💼 un ambiente laboral
🌳 un entorno diseñado para practicar atención plena.

La investigación sobre realidad virtual y TDAH está creciendo rápidamente. Una revisión sistemática publicada en 2026 identificó 22 estudios que evaluaron intervenciones de realidad virtual en personas con TDAH, aunque gran parte de la evidencia disponible continúa concentrándose en niños y adolescentes.

Por eso debemos distinguir entre una tecnología prometedora y una intervención cuya eficacia esté completamente establecida para una población específica.


🌊 ¿Puede la realidad virtual ayudar a regular las emociones?

Potencialmente sí, especialmente cuando se utiliza dentro de un protocolo estructurado.

La realidad virtual puede crear situaciones graduadas y controladas.

Por ejemplo:

Una persona puede practicar primero una situación sencilla.

Después aumentar progresivamente la cantidad de estímulos.

Luego observar qué ocurre con su atención, tensión, pensamientos y respuestas.

El terapeuta puede ayudar a identificar:

“¿Qué ocurrió?”

“¿Qué sentiste?”

“¿En qué momento aumentó tu activación?”

“¿Qué estrategia utilizaste?”

Aquí aparece un principio fundamental:

La tecnología no es la terapia.

La experiencia + el acompañamiento profesional + la reflexión posterior = intervención terapéutica.


🎵 Y también podemos jugar con el ritmo

La música y otros estímulos pueden incorporarse en determinadas experiencias digitales para modificar el nivel de activación o favorecer la concentración.

Podemos imaginarlo como un acelerador y un freno.

Cuando existe muy poca activación, una tarea puede resultar aburrida y difícil de iniciar.

Cuando existe demasiada activación, puede resultar difícil concentrarse.

La intervención busca encontrar una zona funcional en la que la persona pueda participar.

Pero nuevamente: no existe un nivel de activación “ideal” universal.

Cada persona tiene un perfil sensorial, atencional y emocional diferente.


👩‍💼 ¿Y qué pasa con adolescentes y adultos?

Durante mucho tiempo, cuando hablábamos de juego terapéutico parecía que estábamos hablando exclusivamente de niños.

Pero esto está cambiando.

Un adulto con TDAH puede tener dificultades relacionadas con:

  • organización;
  • inicio de tareas;
  • manejo del tiempo;
  • atención;
  • impulsividad;
  • regulación emocional;
  • planificación;
  • mantenimiento de rutinas.

La herramienta puede cambiar, pero el principio permanece:

aprender haciendo puede ser más significativo que solamente escuchar una explicación.

Para un adolescente, podría ser un desafío digital.

Para un adulto, una simulación.

Para otra persona, una actividad de construcción, cartas, estrategia, música o resolución de problemas.

El juego no tiene una edad máxima.

Lo que cambia es la forma que adquiere.


📱 ERIA: un ejemplo interesante para adultos con TDAH

La investigación también está comenzando a desarrollar intervenciones digitales específicamente dirigidas a adultos.

Un ejemplo es ERIA (Emotion Regulation Intervention for ADHD), una intervención que combina sesiones grupales presenciales con una aplicación digital para practicar habilidades entre sesiones.

En un estudio de factibilidad, la intervención mostró resultados preliminares favorables en regulación emocional y algunos síntomas de TDAH, aunque los propios investigadores señalan que se necesitan estudios controlados de mayor tamaño para confirmar su eficacia.

Esto nos muestra algo importante:

El futuro no parece estar solamente en “hacer terapia con videojuegos”.

Puede estar en crear ecosistemas terapéuticos híbridos.

Consulta + tecnología + práctica cotidiana + seguimiento.


🕹️ ¿Y existen videojuegos terapéuticos autorizados?

Sí.

Uno de los ejemplos más conocidos es EndeavorRx, un dispositivo terapéutico digital destinado a niños y adolescentes con TDAH.

La FDA lo clasificó como dispositivo terapéutico digital para TDAH. Su indicación se relaciona con mejorar una medida de función atencional y establece que debe utilizarse como parte de un programa terapéutico, no como tratamiento aislado.

Esto es particularmente interesante porque demuestra que el concepto de “juego” y el de “intervención clínica” no son necesariamente opuestos.

Pero también nos recuerda algo fundamental:

Que una herramienta tenga respaldo regulatorio no significa que sea adecuada para todas las personas ni que sustituya una evaluación o tratamiento integral.


🧠 Entonces… ¿el juego “entrena el cerebro”?

Esta pregunta requiere cierta cautela.

Sí existen investigaciones que muestran mejoras en determinadas habilidades después de intervenciones basadas en juegos.

Pero una cosa es mejorar el desempeño en una tarea específica y otra muy diferente es demostrar que esa mejora se transfiere automáticamente a situaciones reales.

Por ejemplo:

Mejorar en un videojuego de atención ≠ necesariamente concentrarse mejor durante una reunión de trabajo.

Resolver más rápidamente una tarea digital ≠ necesariamente organizar mejor una semana completa.

Por eso, en neuropsicología hablamos mucho de transferencia y generalización.

El verdadero éxito de una intervención ocurre cuando aquello que se aprende puede comenzar a utilizarse fuera de la consulta.


⚠️ Jugar también necesita límites

Que una herramienta sea divertida no significa que siempre sea beneficiosa.

En intervenciones digitales debemos considerar:

  • tiempo de exposición;
  • características sensoriales;
  • fatiga;
  • frustración;
  • sobreestimulación;
  • motivación;
  • accesibilidad;
  • privacidad;
  • edad;
  • objetivos terapéuticos;
  • supervisión profesional.

Además, no debemos confundir uso terapéutico de un videojuego con uso recreativo ilimitado.

Una intervención basada en juego tiene un propósito, una dosis, objetivos y criterios para evaluar si realmente está funcionando.


🌱 La pregunta no es “¿jugar o no jugar?”

Quizás la pregunta más interesante sea:

“¿Qué tipo de experiencia puede ayudar a esta persona a aprender mejor?”

Para alguien puede ser LEGO®.

Para otra persona, cartas.

Para otra, una actividad de movimiento.

Para otra, una aplicación.

Para otra, realidad virtual.

Y para alguien más, simplemente conversar mientras realiza una actividad que le resulta significativa.

La herramienta debe adaptarse a la persona; no la persona a la herramienta.

La literatura es prometedora, pero los resultados son heterogéneos y la transferencia a contextos reales sigue siendo una cuestión importante de investigación.


🔎 ¿Dónde podemos investigar más?

Si quieres profundizar en estos temas, es recomendable comenzar por fuentes científicas y organismos oficiales.

📚 PubMed

Una de las principales bases de datos para buscar investigaciones biomédicas y psicológicas.

Puedes buscar términos como:

  • “LEGO therapy autism”
  • “serious games ADHD”
  • “virtual reality ADHD”
  • “emotion regulation ADHD adults”

PubMed – Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU.

🔬 ClinicalTrials.gov

Permite conocer investigaciones clínicas registradas, incluyendo estudios sobre intervenciones digitales y psicológicas.

ClinicalTrials.gov

🏛️ FDA

Para conocer qué herramientas digitales han recibido autorización o clasificación regulatoria en Estados Unidos y cuáles son exactamente sus indicaciones.

FDA – Medical Devices


  1. Astudillo Gonzalez, P. C. (2024). El Impacto del Juego con LEGO® mediado por compañeros en el Fomento de Relaciones Positivas entre Estudiantes Neurotípicos y Neurodivergentes en Entornos Educativos Inclusivos en México. Estudios y Perspectivas Revista Científica y Académica, Vol. 4, No. 4, pp. 2402-2415.
  2. García-Ríos, C. A. & García-Ríos, V. E. (2020). Videojuegos para niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Revista Científica Dominio de las Ciencias, Vol. 6, núm. 3, pp. 707-717.
  3. Lee, H., Lee, S., Hwang, M., & Woo, K. (2025). Efficacy of game-based interventions for children with ADHD: a systematic review and meta-analysis. European Child & Adolescent Psychiatry, 34, pp. 3853–3869.
  4. M.H. & O.B. (2024). Systematic review of nature-based environments and ADHD. International Journal of Environmental Research and Public Health, 21, 736.
  5. Martín Moratinos, M. (2024). Eficacia de un videojuego de realidad virtual en la mejora de la regulación emocional de niños y adolescentes con TDAH a través de la música: un ensayo clínico aleatorizado. [Tesis Doctoral, Universidad Autónoma de Madrid].
  6. Mendoza Moreira, S. M., Resabala Chávez, L. L., Loor Ponce, D. C., & Marcillo Chóez, C. I. (2023). La Gamificación como técnica de aprendizaje para estudiantes Neurotípicos y Neurodivergentes. Revista Científica Arbitrada Multidisciplinaria PENTACIENCIAS, Vol. 5, Núm. 5, pp. 763-771.
  7. Monserrat, M. & Gallardo, R. (2023). Serious Games como entrenamiento de la atención en niños con TDAH. Revista CES Psicología, 16(2), pp. 86-102.
  8. Piller, A., McHugh Conlin, J., Glennon, T. J., Andelin, L., Auld-Wright, K., Teng, K., & Tarver, T. (2025). Systematic review of sensory-based interventions for children and youth (2015–2024). Frontiers in Pediatrics, 13, 1720179.

La configuración de la neurodivergencia



La neurodivergencia es un paraguas que agrupa a personas qué, por diferentes casusas (genéticas, ambientales, biológicas) tienen configuraciones cerebrales que se alejan de lo que se considera una media estandarizada. 

Es muy importante recordar que no estamos hablando de cerebros defectuosos, sino variabilidad funcional dentro de un continuo neurocognitivo humano (Cruz y Sandín, 2024).Pero, seamos claros, no podemos pensar que este vasto abanico de mentes neurodiversas, podemos no encontrar similitudes y diferencias.

Reduzcámoslo un poco y analicemos someramente, las diferencias y similitudes del autismo (TEA) y atención divergente (TDAH). Aunque, a veces pensemos que “se parecen mucho”, lo que es completamente lógico pues comparten algunas bases neurobiológicas, lo cierto es que, las razones que explican ciertas conductas pueden ser muy diferentes en el modo de procesamiento de la información y su relación con el entorno. Comprender estas diferencias permite disminuir juicios, ajustar expectativas y ofrecer apoyos más respetuosos.

Un ejemplo cotidiano puede ayudarnos:

Imagina que una profesora cambia la actividad de la clase a último momento. Un estudiante autista podría experimentar malestar porque necesita más predictibilidad para reorganizar sus pensamientos. En cambio, un estudiante con TDAH  podría comprender el cambio, pero tener dificultades para reorganizar rápidamente su atención y su conducta. Ambos pueden parecer “inflexibles”, pero el mecanismo subyacente no es el mismo.

Veamos algunas diferencias y similitudes

En el autismo suele predominar la inflexibilidad cognitiva: dificultad para modificar estrategias, tolerar cambios inesperados o abandonar una regla conocida. Diversos estudios la relacionan con diferencias en la corteza prefrontal dorsolateral, la conectividad frontoparietal y mecanismos de plasticidad sináptica (Guang et al., 2018).


Esto se traduce en la vida cotidiana como una alta adherencia a las rutinas, necesidad de que el entorno se predecible y poca tolerancia a los cambios. Un simple cambio de asiento en la sala de clases, o un profesor suplente puede detonar una crisis importante de desregulación.


En el TDAH, las dificultades suelen vincularse más con la desorganización cognitiva, el cambio ineficiente del foco atencional y el control inhibitorio. La evidencia destaca el papel de los circuitos frontoestriatales y de la modulación dopaminérgica (Xi y Wu, 2021). 


En el día a día un niños con atención divergente podría necesitar constantemente algo novedoso para mantenerse interesado o que sea casi tarea imposible mantenerse durante dos horas de clases sentado en la misma posición y en el mismo lugar.


Sin embargo, también existen similitudes. Tanto en el autismo como la atención divergente se han descrito desafíos para alternar entre tareas, y adaptarse a demandas cambiantes. Perseverar en respuestas poco eficaces y adaptarse a demandas cambiantes. Neurobiológicamente se ha estudiado que existen patronees compartidos, como hipoactividad del giro frontal medio y del giro temporal superior, junto con mecanismos compensatorios en otras regiones cerebrales que podrían explicar estas dificultades.

Podemos entenderlo mejor con una metáfora

1. TEA: cuando el cerebro valora la predictibilidad

El GPS: la inflexibilidad en el TEA 


Imagina que tienes programada una ruta exacta hacia un destino. Sabes dónde doblar, cuánto demorará el viaje y qué calles evitar.

De pronto, alguien te dice:

"No, mejor vámonos por otro camino."

Para algunas personas autistas, ese cambio puede sentirse como si el GPS se apagara justo cuando estabas llegando a un cruce importante.


No significa que no puedan tomar otra ruta. Significa que necesitan recalcular. Y recalcular consume energía.

Mientras algunas personas improvisan con facilidad, otras necesitan más tiempo, información o anticipación para reorganizarse.

No es que "no quieran cambiar", necesita más recursos para hacerlo.

2. TDAH: cuando las ideas corren más rápido que la organización

El director de orquesta del TDAH 


Imagina una orquesta enorme. 

Los violines tienen una melodía. La percusión quiere entrar antes. Las trompetas son muy llamativas. El público tose. Alguien deja caer un programa.

Y en medio de todo eso está el director intentando decidir:

¿A quién escucho? ¿Qué silencio? ¿Qué es prioritario?


En el TDAH, ese director puede ser extraordinariamente creativo, rápido y entusiasta. Pero, coordinar tantas señales simultáneas puede requerir muchísimo esfuerzo.

No es falta de inteligencia. Es una dificultad para gestionar el tráfico de información.

No es "no pone atención", está intentando decidir a qué prestar atención.

3. Neurodivergencias, misma reacción, estimulos diferentes

Una familia con dos hijos neurodivergentes en el supermercado. 


La niña que parece tener problemas de concentración y un niño que al que no le gustan los extraños. Pero sus familias, no saben que pasa con ellos.

A los veinte minutos, los dos niños quieren irse, lloran, se mueven por todas partes, hacen un berrinche. Desde fuera parecen iguales, dos niños con mala conducta.


El niño autista, está intentando procesar luces fluorescentes, música ambiental, olores intensos, personas moviéndose, cambios en la lista de compras.

Su sistema puede estar saturado 😫


La niña con TDAH, puede estar lidiando con la espera, impulsos constantes, dificultad para sostener una actividad poco estimulante, múltiples distractores llamando su atención.

Ambos necesitan apoyo, pero no necesariamente el mismo.

Un niño autista puede necesitar mayor predictibilidad para sentirse seguro. Un niño con TDAH puede comprender el cambio, pero tener dificultades para reorganizarse rápidamente.

Muchas veces visto desde un espectador externo, podemos incurrir en el error de pensar que es "mala conducta", "capricho" o "una pataleta". Es por eso que es tan importante aprender a reconocer ciertos patrones que se presenta en los niños y por supuesto, apostar siempre a la intervención temprana para evitar sufrimiento innecesario.

Reflexionemos

Detrás de cada perfil neurocognitivo hay una persona con fortalezas, necesidades y formas únicas de habitar el mundo. Comprender cómo funciona un cerebro no disminuye las expectativas; nos invita a construir caminos distintos para alcanzar bienestar, participación y autonomía. 

El objetivo de los apoyos no es normalizar a las personas, ni construir un ejercito de individuos iguales entre sí. 

Buscamos que nadie quede excluido, que ninguna persona deje de hacer o de lograr las cosas que podría por falta de apoyo. Por eso, ninguna terapia puede ser estándar, depende de las particularidades de cada niño, niña, adolescente o adulto.


Referencias

Guang, S. et al. (2018). Synaptopathology Involved in Autism Spectrum Disorder.

Xi, T. & Wu, J. (2021). A Review on the Mechanism Between Different Factors and the Occurrence of Autism and ADHD.

domingo, 21 de junio de 2026

Paternar en tiempos de diversidad: presencia, cuidado y amor más allá de los modelos tradicionales

Durante mucho tiempo se pensó que existía una única forma correcta de criar a los hijos: una familia compuesta por una madre y un padre, donde cada uno cumplía funciones claramente diferenciadas. Sin embargo, la realidad actual muestra algo muy distinto. Existen familias monoparentales, familias homoparentales, madres que crían solas, padres que asumen por completo la crianza, familias reconstituidas y muchas otras configuraciones que demuestran que el cuidado y el amor no dependen de una estructura específica.

Además, las condiciones de vida actuales presentan desafíos que complejizan aún más el ejercicio de la parentalidad. Los deportistas de alto rendimiento suelen pasar largos períodos lejos de sus hogares debido a entrenamientos y competencias, mientras que las familias con integrantes neurodivergentes deben adaptarse a necesidades particulares que muchas veces requieren modificar expectativas y formas tradicionales de crianza. Frente a esta diversidad, surge una pregunta importante: ¿Qué significa realmente paternar hoy?

La evidencia revisada sugiere que no existe una única manera correcta de hacerlo. Lo fundamental no es quién ocupa el rol de cuidador principal ni la composición familiar, sino la capacidad de ofrecer presencia, afecto, apoyo y disponibilidad emocional.


La presencia/ausencia

Diversos estudios han demostrado que la participación activa de las figuras parentales tiene efectos positivos en el desarrollo de niños, niñas y adolescentes. El estudio realizado por Aguayo, Kimelman y Correa (2012) señala que cuando los padres participan activamente en la crianza, los hijos tienden a presentar mejores indicadores de salud física y mental, mayor autoestima, mejor rendimiento académico y menos problemas conductuales. Asimismo, la participación de los cuidadores reduce la sobrecarga de quien asume mayor responsabilidad en el hogar y favorece relaciones familiares más equilibradas.

Sin embargo, hablar de participación no significa únicamente estar físicamente presente. Implica involucrarse en la vida cotidiana, escuchar, acompañar, contener emocionalmente y demostrar interés genuino por las necesidades de los hijos. La calidad de la relación suele ser más importante que la cantidad de tiempo compartido. Esta idea resulta especialmente relevante cuando se analizan familias que enfrentan circunstancias particulares, como ocurre con los deportistas profesionales.

Paternar desde lejos

La vida de los deportistas de élite suele estar marcada por extensas jornadas de entrenamiento, viajes frecuentes y largas ausencias del hogar. Según Infante, Irizo y Bellido, las exigencias deportivas obligan muchas veces a los atletas a alejarse durante largos períodos de sus familias, dificultando la conciliación entre la vida profesional y la vida personal. Además, desde edades tempranas deben compatibilizar estudios, deporte y relaciones familiares, generando importantes niveles de estrés y presión.

Estas condiciones pueden generar la percepción de que es imposible ejercer una parentalidad cercana. Sin embargo, las investigaciones sobre apoyo parental en el deporte muestran que el acompañamiento emocional sigue siendo un factor fundamental para el bienestar y desarrollo de los hijos. Silva y colaboradores (2022) destacan que el apoyo parental influye positivamente en el desarrollo físico, emocional y motivacional de los jóvenes deportistas, favoreciendo su continuidad y bienestar dentro de la actividad deportiva.

<Por lo tanto, la distancia física no necesariamente implica ausencia afectiva. Actualmente existen múltiples formas de mantener vínculos significativos mediante la comunicación constante, la participación en decisiones importantes y las demostraciones de interés y cariño. Lo que fortalece el vínculo no es únicamente compartir un espacio físico, sino hacer sentir al hijo o hija que cuenta con una figura disponible y comprometida.

Paternidad neurodivergente

Otro escenario que desafía las ideas tradicionales sobre la crianza aparece cuando un hijo o hija es neurodivergente. La neurodiversidad propone comprender que las personas procesan el mundo de maneras diferentes y que estas diferencias no deben ser entendidas como defectos, sino como expresiones legítimas de la diversidad humana.

Cuando una familia recibe un diagnóstico como autismo o TDAH, muchas veces debe replantear expectativas previas sobre cómo sería la crianza. Villar (2022) plantea que este proceso implica abandonar imágenes idealizadas sobre los hijos y sobre el propio rol parental, ya que cada niño requiere formas particulares de acompañamiento y cuidado.

En este contexto, paternar significa desarrollar flexibilidad, aprender constantemente y adaptar las estrategias de crianza a las necesidades reales del niño o niña. No se trata de forzar a la persona a encajar en un modelo considerado "normal", sino de reconocer y valorar sus características particulares.

De esta manera, la parentalidad neuroafirmativa pone el foco en la aceptación, la comprensión y el acompañamiento respetuoso, elementos que pueden ser ejercidos por madres, padres o cualquier otra figura significativa de cuidado.


Paternidad más allá del género

Las transformaciones sociales de las últimas décadas han ampliado las formas en que las familias se organizan. Cada vez es más frecuente encontrar madres que asumen solas la crianza, padres que cumplen simultáneamente funciones tradicionalmente asociadas a la maternidad, parejas del mismo sexo que ejercen la parentalidad y redes familiares donde abuelos, tíos u otros cuidadores participan activamente.

El estudio sobre participación paterna en Chile señala que las familias actuales presentan una gran diversidad de configuraciones y que los cambios sociales han modificado las formas tradicionales de ejercer la crianza.  Asimismo, las investigaciones muestran que las tareas de cuidado no dependen naturalmente de un género específico, sino que pueden ser aprendidas y compartidas entre distintos integrantes de la familia.

Por esta razón, resulta cada vez más necesario abandonar la idea de que existe una figura indispensable asociada exclusivamente a la maternidad o a la paternidad. Lo que realmente influye en el desarrollo infantil es la existencia de adultos comprometidos que proporcionen seguridad emocional, apoyo, límites adecuados y afecto constante.

Propuesta de conclusión

Las distintas realidades familiares actuales muestran que no existe una única manera correcta de paternar. Los desafíos asociados a los viajes constantes de los deportistas, la crianza de hijos neurodivergentes, las familias monoparentales o las familias homoparentales evidencian que la parentalidad debe entenderse desde una perspectiva amplia y flexible.

Más que la estructura familiar, lo que parece marcar la diferencia es la calidad del vínculo construido. La presencia emocional, el interés genuino, la atención a las necesidades de los hijos y las demostraciones cotidianas de cariño constituyen los pilares fundamentales de una crianza saludable.

En definitiva, existen muchas formas de paternar y ninguna es superior a otra. Lo verdaderamente importante es que niños, niñas y adolescentes crezcan sintiéndose vistos, escuchados, acompañados y amados mediante acciones concretas y palabras que les permitan desarrollar confianza, seguridad y bienestar.

A quién nos lee, les invito a complementar, opinar, desbaratar esta nota. Los leemos. 

Referencias

Aguayo, F., Kimelman, E. y Correa, P. (2012). Estudio sobre la participación de los padres en el sistema público de salud de Chile. CulturaSalud-MINSAL.

Infante Rejano, E., Irizo García, I. y Bellido Zanin, G. (2012). Un abordaje cualitativo al estudio del género y la conciliación en deportistas profesionales.

Silva, F. S. C., Moraes, M. G., Pestana, D., Hirota, V. B. y Verardi, C. E. L. (2022). Motivación y percepción del apoyo parental: un estudio con jóvenes atletas de deportes individuales y de equipo. Retos, 45, 671-678.

Villar, F. C. C. E. (2022). Hermes in the fields of Apollo: Deidealization and eccentricity in neurodivergent pattern. Junguiana, 40(3), 133-146.

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